Cómo manejar los problemas de comportamiento más frecuentes en personas con DCA

Apatía y falta de iniciativa

La falta de motivación para la realización de actividades que requieren algún tipo de planificación es frecuente en personas con daño cerebral. Algunas personas pueden estar motivadas sólo en actividades en las que obtienen una gratificación inmediata.

Ejemplo: “Antes le interesaba mucho coleccionar sellos, pero ahora todo le da igual.”

Qué se puede hacer:

– Los cuidadores deben intentar interpretar la apatía no como pereza sino como una de las

consecuencias del daño cerebral.

– Dividir las actividades en pequeños pasos, y felicitarle, reforzarle cada vez que realiza cada

paso. Procurar que no se produzca el fracaso.

– Procurar no confundir apatía con cansancio o fatiga… ofrecer tiempos de descanso cuando

sea necesario.

– A veces es conveniente mostrarse firme y decir “vamos a…”, o dar a escoger entre dos alternativas.

– Permitir que tome contacto con otros estímulos: otras personas y actividades.

Tristeza, depresión

La depresión se manifiesta con conductas como quejas por parte de la persona afectada por daño cerebral sobre su situación, expresión de sentimientos de inutilidad, llanto, aislamiento, etc.

Ejemplo: “Desde que tuvo el accidente con frecuencia dice que se siente inútil, que es una carga, y que la vida así no merece la pena”.

Qué se puede hacer:

– Es fundamental buscar actividades que puedan ser gratificantes para la persona afectada por

daño cerebral.

– Reforzar sus logros, valorar las actividades deseables que la persona realiza.

– Reforzar cualquier iniciativa y el iniciar una actividad, aunque sea pequeña… si es posible llevarla a la práctica.

– Escuchar sus expresiones de sentimientos. Sin embargo, es importante que se preste más

atención a la implicación de la persona con daño cerebral en las actividades que a las que-

jas sobre su situación, llanto, etc.

– Algunas personas reaccionan mal cuando le recordamos sus progresos (como está ahora y

como estaba antes)… procure no recordárselo.

– Disminuya sus expectativas. Trabaje disfrutando del placer del momento, en vez del placer de lo que se va a conseguir.

Labilidad o cambios emocionales

La dificultad para controlar la expresión de emociones puede deberse al daño cerebral.

Ejemplo: “Ahora llora abiertamente recordando su casa o lo que hacía antes. Minutos después,

parece que se le ha olvidado y se ríe a carcajadas.”

Qué se puede hacer:

– Se debe intentar ser buenos modelos de control emocional. (Evitar gritos, discusiones con la

persona afectada por daño cerebral, o discusiones entre personas que están en el entorno, etc.).

– Señale y elogie las ocasiones en que consigue controlar sus emociones. Ayude a identificar

qué hace para conseguirlo.

– Hágale darse cuenta de que es capaz de mantener el control emocional en situaciones en que antes no podía.

– Cuando se presente la situación procure mantenerse tranquilo y procure no criticar.

Ansiedad

Es frecuente que las personas que han vivido una experiencia traumática sientan ansiedad ante determinadas situaciones que suponen un reto o la exposición a un probable fracaso. Sin embargo, es importante que la persona poco a poco vaya enfrentándose a las situaciones que teme, ya que de no ser así, puede convertirse en una persona muy dependiente.

Ejemplo:

“Desde que tuvo el accidente, se pone muy nerviosa cuando se enfrenta a una situación nueva,
como contestar el teléfono o salir a la calle”.

Qué se puede hacer:

– Es importante animar a la persona con daño cerebral que siente ansiedad a que haga por sí

mismo aquello que teme (siempre que tenga capacidad física y cognitiva para hacerlo).

– Se debe comenzar con la realización de pequeños pasos o fases. La confianza en uno mismo

se adquiere gracias a la acumulación de pequeños éxitos.

– Si la persona con daño cerebral conoce algún método de relajación, se le puede recordar que

lo utilice antes de enfrentarse a la situación temida.

– Se le puede recordar también que respire profundamente, tomando aire por la nariz y expulsándolo por la boca, antes de iniciar la actividad temida, o en caso de que se detenga en la realización de la misma, descansar, respirar profundamente, y reanudar la actividad intentándolo de nuevo.

Desinhibición

Algunas personas con daño cerebral pueden manifestar desinhibición (decir o hacer “lo primero

que se les pasa por la cabeza”) sin medir las consecuencias de su conducta.

Ejemplo: “El otro día le dijo a la auxiliar que era una “tía buena” aunque estaba un poco gorda”.

Qué se puede hacer:

– Es muy importante que, cuando la persona con daño cerebral diga o haga algo inadecuado

(teniendo en cuenta la situación), se le corrija.

– Dé a la persona una respuesta firme, cuando se comporte de manera inapropiada: “No, Adela.

No puedes quitar el periódico de la mano sin pedir permiso”.

– Redirigir la atención de la persona con daño cerebral a otro tema diferente al de la expresión

o comportamiento inadecuado. Ej: si una persona pregunta sobre aspectos de la intimidad

sexual de otra persona, se le dice que no es adecuado que realice esa pregunta, y se saca otro tema de conversación.

– No se deben realizar excepciones del tipo “Así es él, cuando ve a una chica guapa le pide la mano para besársela”. La consecuencia de no ser firme (en rectificar la desinhibición) y admitir expresiones o comportamientos inadecuados es que la falta de control se mantiene o aumenta.

Enfado y agresividad

A veces las personas con daño cerebral se enfadan con facilidad con cosas como el ruido, los niños, etc.; en otras ocasiones reaccionan o “explotan” con gritos, insultos, etc. por razones que nos parecen injustificadas.

Ejemplo: “El otro día explotó porque me pidió que le pusiera en el equipo un CD de su grupo preferido y me confundí poniéndole otro.”

Qué se puede hacer:

– Intentar detectar qué situaciones provocan manifestaciones de ira en la persona con daño

cerebral. Evitar la ocurrencia de dichas situaciones. (Ej: varias personas hablando a la vez.)

– Se debe intentar no reaccionar gritando o enfadándose. Intentar no discutir.

– Redirigir la atención de la persona con daño cerebral hacia algo más positivo.

– Intentar no tomar el enfado de la persona con daño cerebral como algo dirigido a propósito

contra mí, sino como parte de las consecuencias del daño cerebral (por daño neurológico

o por dificultad de adaptación a la nueva situación de limitación física y/o cognitiva).

– Planificar y estructurar la rutina diaria para que la persona con daño cerebral pueda enfrentarse a un ambiente predecible y regular. Si es posible informar previamente de las modificaciones y realizar algunas concesiones gratificantes para la persona.

– Evite considerar las descargas de agresividad del afectado de forma personal.

– Evite culpabilizar al afectado por algún error cometido, busque soluciones.

Agitación

La agitación se produce mucho más en las primeras etapas de la lesión cerebral, cuando la persona se encuentra en el hospital. Este estado de inquietud suele ser efecto directo del daño neurológico.

Es una etapa por la que pasa el paciente, que normalmente no puede evitar y no un cambio de conducta permanente.

Es una etapa difícil para el personal hospitalario y la familia. Es necesario recordar que el paciente ha sufrido un cambio muy brusco, que le ha dejado desorientado y confuso. La agitación es, a menudo, una forma que tiene de adaptarse a esta situación.

Ejemplo: “camina de un lado al otro del pasillo sin poder pararle” “se quita permanentemente el pañal y se enfada cuando te acercas”.

Qué se puede hacer:

– Tener paciencia: es una etapa por la que hay que pasar.

– Es necesario que el paciente perciba seguridad alrededor: conviene que permanezca cerca

alguien que le conozca y le transmita la seguridad que necesita.

– Suele necesitar mucha disponibilidad de personas conocidas o de los equipos de atención:

planificar turnos de estancia.

– Conviene estructurar las actividades del paciente (su tiempo) para que no tenga periodos

muy largos en los que esté solo y se pueda poner a rumiar.

– Elimine los factores irritantes: ruidos, movimientos bruscos, distracciones excesivas, etc.

– Procure que pueda disponer de objetos personales y adaptar, en la medida de lo posible el

ambiente, para tener referencias conocidas y tranquilizadoras.

– A veces es posible identificar alguna causa externa que le produce irritación al paciente; si es así procure actuar sobre ella. Por ejemplo si es algo que necesita tener cerca para sentir seguridad procure proporcionárselo; en otras ocasiones conviene cambiar al paciente con delicadeza a otras actividades. No realice cambios rápidos.

– Si al paciente le da por hablar en exceso suele ser adecuado escucharle y dejarle hablar. Suele ser una forma eficaz de superar la agitación.

– Muestre un comportamiento tranquilo y aparezca calmado aunque no lo esté. El afectado necesita en muchas ocasiones la presencia de alguien que controle la situación y que pueda ser tranquilizadora.

– Cuide su propia forma de comportarse. Sobre todo aquellos indicadores que pueden ser mal interpretadas por el paciente: hablar bruscamente, fruncir el entrecejo, utilizar un tono de voz poco tolerante, etc.

– Tenga en cuenta que sus propios estados emocionales (frustración, rabia, incomodidad…) se pueden transferir al paciente.

– Si el afectado se agita demasiado, mantener una vigilancia sobre él.

– Conviene saber qué persona del entorno consigue calmarlo mejor y si se puede recurrir a ella en caso de necesidad.

 

 

 

Nota: las técnicas y orientaciones de actuación que se dan en el presente escrito son de carácter general y deben adaptarse a cada persona con daño cerebral y a su situación concreta.

 

José Luis Díaz

Álvaro Bilbao

En Guía de manejo cognitivo y conductual de personas con daño cerebral.

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