Covid 19 en el Ceadac: abordaje humanista de una pandemia

Covid 19 en el Ceadac: abordaje humanista de una pandemia

La misión de nuestro centro es, sin duda,  mejorar la calidad de vida de las personas con Daño Cerebral Adquirido y sus familias, pero estos dos últimos meses la población a la que hemos dirigido nuestro trabajo ha sido otra, atendiendo a personas Covid 19 positivas, y aportando nuestro “granito de arena” en la gestión de esta terrible situación que nos ha tocado vivir. Sin embargo el núcleo central de nuestra misión no lo hemos cambiado, nuestro objetivo  ha seguido siendo mejorar la calidad de vida  e intentar continuar con el modelo de atención centrada en la persona, esto se muestra claramente en el post elaborado por Silvia Martínez Rabancho, OAE del Ceadac, en el que se se ve claramente el abordaje humanista que nos caracteriza, y que se implementa independiente de la población atendida.

Somos diferentes y como tal tenemos diferentes formas de afrontar los retos a los que nos enfrentamos, ante una misma situación, la diferencia viene dada por como interpretamos lo que nos ha ocurrido, y esa interpretación se va a basar en nuestros pensamientos, valores, circunstancias particulares.

Los pacientes de Covid 19 que ingresaron en el Ceadac, tenían en común estar en el último paso antes de ser dados de alta definitivamente, tras superar la enfermedad, todos ellos habían estado varios días en el hospital de la Paz y habían sido trasladados a un lugar que no conocían, resignados asumían las decisiones que otros tomaban por ellos, ninguno, había tenido contacto directo con su familia desde su ingreso.

A todos les recibimos con nuestra mejor sonrisa, les contamos donde estaban, les enseñamos su habitación, los horarios de las comidas, cuando pasaría el médico o la enfermera; cada mañana recibían un mensaje de buenos días, en él se les recordaba la hora el día y el mes. Todos tenían un número de teléfono al que llamar cada vez que necesitaban algo y recibían cada día llamadas nuestras a sus móviles, así podíamos escucharlos y saber cómo se encontraban.

Y luego estaba lo complicado, para ello había que fijarse en lo que no tenían en común, en los que tenían diferentes preocupaciones, diferentes dudas, diferentes miedos, diferentes formas de afrontar la soledad.

El que se pone nervioso porque la cama no está a la altura deseada, el que llora porque el pijama que le ha tocado no es el que había pedido, el que le tiembla la mano al abrocharse un botón. Los que necesitaban acortar la distancia de seguridad, ese metro y medio que por protocolo nos separa de otro ser humano, necesitaban contacto, aunque fuera leve y a través de un guante, necesitaban una mano que sujetara la suya para que dejara de temblar.

Algunos necesitan saber que podían abrazar a sus hijos o nietos cuando llegaran a casa sin miedo a contagiarlos. Otros temían perder a su marido o su hijo, ingresado en otro hospital, ¿Cómo tranquilizar a alguien, sabiendo que su temor se ha cumplido?, ¿Como se prepara a alguien para afrontar una perdida, sin contarle lo que ha perdido?

Desconozco el protocolo, solo puedes sentarte y escuchar, porque a pesar de que tienen en frente a alguien que parece sacado de una película de ficción, con bata, guantes y el rostro cubierto con una pantalla protectora, te lo va a contar, va a recordar contigo momentos vividos con ese marido o ese hijo, en unos rieron en otros lloraron, en otros se sintieron culpables. Y tú solo tienes que recordar cada detalle feliz, cada risa cada abrazo compartido, para cuando termine y espere tus palabras, repetirle solo eso, las mejores escenas de su vida, como si de un libro hubiéramos eliminado los capítulos que no nos gustan, y repetírselo cada día, mirándole a los ojos a través de la mampara que nos separa, convencerle de que solo esas escenas son las importantes y esas las tiene que guardar, para poder recuperarlas cuando sea necesario.

Porque una vez leí que se necesitan tres momentos felices para contrarrestar uno triste, si es así, algunos de los pacientes que han pasado por el Ceadac, van a tener que gastar muchos momentos felices porque para ellos este drama no ha terminado con el alta hospitalaria.

Como uno tiene que ser coherente con sus ideas, este relato que comparto con vosotros no podía terminar así, porque yo también quiero que os quedéis con las mejores escenas, las de sus sonrisas, las de sus palabras de agradecimiento, las de los aplausos con banda sonora incluida cuando los despedíamos, las de su emoción ante el reencuentro con las familias; me quedo con el bingo, con el regalo de libros, con las flores, con los menús especiales de cocina, con las coreografías y con el esfuerzo y dedicación de todo el equipo de trabajadores que han estado ahí aportando cada uno su granito de arena.

Silvia Martinez Rabancho. OAE del Ceadac.

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