Entrevista a Álvaro Bilbao y Dolores Villalobos

ÁLVARO BILBAO   –  DOLORES VILLALOBOS

ESTUDIO PILOTO: CONCIENCIA DEL DÉFICIT Y REHABILITACIÓN EN PERSONAS CON DAÑO CEREBRAL ADQUIRIDO (DCA)

Álvaro Bilbao, Neuropsicólogo de Ceadac, ha publicado recientemente los resultados de un estudio elaborado junto a los investigadores Dolores Villalobos, Alfonso Espejo y Javier García-Pacios. En el estudio, publicado en la Revista Brain Injury, los investigadores analizan cómo el paciente percibe su situación o sus déficits tras un daño cerebral. Hablamos con Dolores Villalobos y Álvaro Bilbao sobre los resultados del proyecto.

¿Cómo surgió la idea del estudio?

Álvaro: Uno de los problemas que nos encontramos en el Ceadac (Centro de Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral) es que algunos pacientes no son conscientes de que tienen daño cerebral, de que tienen problemas de memoria. Vienen al Centro pero no saben por qué vienen, ni qué les ha pasado. Esta situación provoca problemas a la hora de la rehabilitación: no quieren ir a fisioterapia porque no son conscientes de que no pueden caminar, por ejemplo. También genera problemas más allá de la rehabilitación, tensiones familiares que se producen en situaciones como cuando quieren conducir a pesar de que no pueden.

¿Qué es exactamente la conciencia de déficit?

Dolores: Es la capacidad de percibirse a sí mismo de manera objetiva, en estos casos, la capacidad de percibir sus déficits y actuar en consecuencia. La conciencia del déficit se organiza en tres fases: por un lado, conciencia de lesión, que es definir qué me ha pasado, después conciencia de déficil, que consiste reconocer si tengo problemas para caminar, de memoria, etcétera  y por último, conciencia de discapacidad, sabiendo que tengo estos problemas, qué consecuencias tiene para mi vida: tal vez no puedo vivir solo, o trabajar o hacer algunas cosas que hacía antes.

¿Cómo se organizó el estudio?

Álvaro: El estudio comenzó en 2012. El proceso se ha alargado en el tiempo debido a la metodología de estudio: se elige un tipo concreto de pacientes, con una terapia estandarizada que requiere limitar a uno o dos el número de grupos de pacientes a estudiar.  El programa se organizó en talleres de ocho sesiones grupales donde se realizaban una serie de estrategias de toma de conciencia y que pretendían analizar si el paciente era capaz de tomar conciencia de su estado.

¿Cómo se logra que el paciente sea consciente de su déficit?

Álvaro: Se siguen varias estrategias, una que funciona es la revisión de informes médicos, informes de la UCI, del hospital…  leemos con ellos los informes para que recapitulen qué les ha pasado y cómo han llegado hasta aquí. Otra estrategia es la revisión de pruebas de neuroimagen: les impresiona mucho ver una imagen de un cerebro en el que hay una mancha y asociarlo a su lesión, por ejemplo. También influye mucho la opinión del resto de personas del grupo: no es lo mismo que el psicólogo le diga que no puede conducir a que sus compañeros le digan “yo te veo muy mal para conducir”

¿Cómo asumen los pacientes estas sesiones?

Álvaro: Suelen aceptarlas bien. Se impresionan mucho cuando ven a un compañero que está mal y no lo acepta; por ejemplo, un compañero que no puede mover un brazo y dice “yo podría ser leñador”. En el grupo, esto provoca una reacción del tipo “esta persona está mal, no reconoce lo que le pasa, igual a mi me pasa lo mismo” Es una terapia espejo muy efectiva que suelen asumir muy bien.

¿Cuáles fueron los resultados?

Dolores: el estudio se realizó con 60 pacientes, 30 que hacían el taller y 30 que no, todos tenían problemas de conciencia del déficit y tras las sesiones, los que realizaron los talleres habían mejorado notablemente su percepción y autoconciencia del déficit.

¿Cuál es el próximo paso?

Dolores: Hemos llegado a la conclusión de que nuestro programa mejora la conciencia, la segunda parte del estudio descubrirá si esa conciencia tiene consecuencias positivas a la hora de la rehabilitación del paciente a largo plazo.

Brain Injury, 2018. doi:10.1080/02699052.2017.1387931
Brain Injury, 2018. doi:10.1080/02699052.2017.1387931

 

Hacer una replica

Tu dirección de email no será publicada