Identidad y aceptación tras el Daño Cerebral Adquirido: «El viaje del héroe»

Identidad y aceptación tras el Daño Cerebral Adquirido: «El viaje del héroe»

La identidad, aquello que nos hace humanos y que nos da un sentido de ser, puede verse gravemente afectada cuando el daño cerebral impacta en la vida de la persona. La lesión puede interrumpir el adecuado funcionamiento cerebral y comprometer a las funciones cognitivas y mentales encargadas del mantenimiento de un sentido de identidad coherente y unificado. Esto, sumado a los problemas psicológicos y emocionales que surgen por intentar recuperar la vida que se tenía antes de la lesión, sume al individuo en un verdadero desafío al que tendrá que enfrentarse para adaptarse a su nueva realidad. Así pues, el objetivo del presente trabajo es conocer cómo la identidad puede verse repercutida por el daño cerebral, estudiando primero las funciones y estructuras cerebrales que  sustentan, y ahondando después en los problemas psicológicos y emocionales que impiden un adecuado reajuste. Ello nos llevará a tratar el tipo de rehabilitación que se necesita para que la persona vuelva a recuperar su sentido de identidad y acepte las limitaciones que el daño cerebral le ha impuesto en su vida.

La identidad, ese sentimiento de continuidad y unidad con uno mismo, con el entorno y con la propia vida, es una capacidad característica de los seres humanos que surge como resultado de una compleja organización cerebral. El cerebro es capaz de integrar la información objetiva del mundo exterior junto con los propios esquemas cognitivos y emocionales; lo que proporciona a cada persona una forma única de pensar, sentir y comportarse. En este cometido, las áreas transmodales de la corteza prefrontal toman el mando y controlan el resto de procesos cognitivos y mentales para garantizar el mantenimiento de un sentido de identidad organizado y coherente. Pero cuando el daño cerebral interrumpe en el adecuado funcionamiento del cerebro, la identidad puede verse gravemente repercutida, pues las zonas que la sustentan están lesionadas. Las consecuencias físicas y cognitivas serán las primeras en manifestarse, pero no será hasta pasado un tiempo, cuando la persona comience a notar los efectos que el daño está dejando en su día a día; pues comprender qué es lo que ha pasado y lo que conlleva, es un proceso gradual, lento y complejo.

Volver a casa después del hospital e intentar recuperar la vida que se tenía antes de la lesión sumirá a la persona en un “duelo”: su “yo de ahora” luchará por volver a ser el “yo de antes” mientras que el “yo del futuro” está gravemente amenazado. Esta situación requerirá un proceso de ajuste o readaptación pues la falta de recursos cognitivos hace que la persona ya no sea capaz de llevar a cabo aquellas actividades que antes de la lesión podía hacer sin problema. Aquí, la esfera psicológica y emocional cobran gran relevancia. La reacción psicológica que se desencadene ante esta situación, estará muy influenciada por la interacción de múltiples factores individuales (tipo de la lesión, edad, personalidad, entorno social…). Así, habrá personas que consigan readaptarse; y otras que bajo intensos sentimientos de frustración, confusión y ansiedad desarrollen un estilo de afrontamiento totalmente 46 desadaptativo; evitando cualquier situación que amenace con exceder los propios recursos cognitivos y dejando sin usar muchas de sus habilidades preservadas. Con el tiempo, esto se traducirá en aislamiento social, disminución de las actividades de ocio, desempleo, trastornos familiares y problemas para llevar una vida independiente; quedando la identidad totalmente fragmentada.

Bajo este contexto, queda claro que el daño cerebral no es sinónimo de déficits cognitivos; y que por tanto, el tratamiento no puede limitarse sólo a la esfera cognitiva. Dado que los problemas psicológicos, emocionales y sociales no suelen aparecer hasta pasado un tiempo, se hace imprescindible extender el abordaje rehabilitador más allá del ámbito sanitario, que solamente atiende las necesidades presentadas en el primer periodo después de la lesión. Los programas holísticos desarrollados en centros de día, responden a esta demanda y proporcionan al paciente y su familia una atención integral tras la fase hospitalaria, que al mando de un equipo interdisciplinar es capaz de cubrir las necesidades cognitivas, psicológicas, sociales y funcionales. Este plan de tratamiento, coloca al paciente y a la familia en el mejor escenario para conseguir adaptarse a la nueva situación, aceptando las limitaciones que el daño cerebral ha impuesto en sus vidas. Se hace obvia, por tanto, la gran importancia de contar con un sistema que tenga la cobertura necesaria para abordar, tanto las consecuencias que aparecen en los primeros momentos después de la lesión, como las que irán surgiendo día a día a medida que pase el tiempo.

Sin embargo, el sistema sanitario español, que cada vez es más competente en salvar las vidas de personas con daño cerebral y ofrecerles una intervención temprana de calidad, deja mucho que desear en la garantía de una continuidad rehabilitadora que ofrezca programas holísticos orientados a cubrir las necesidades a largo plazo. La situación actual en la que se encuentra la atención al daño cerebral en España refleja el siguiente escenario: 104.701 nuevos casos cada año y un total de 29 centros de día 47 distribuidos por todo el país, siendo sólo 3 de ellos públicos (FEDACE, 2009). Este panorama hace preguntarse ¿realmente contamos con un sistema que satisfaga todas las consecuencias que el daño cerebral deja en la vida de las personas? Reflexionar sobre esta pregunta puede indicarnos a los futuros profesionales un buen camino sobre el que avanzar.

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Fragmentos extraídos del TFG de Paula San Millán Omeñaca, Año 2020. Tutora: Carmen Cuenca Muñoz. CES CARDENAL CISNEROS. Grado en Psicología. 

 

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