¿Una imagen vale más que mil palabras? La disartria pone interrogantes

Algunos estudios afirman que las personas emitimos al día una media de 30.000 palabras, en el caso de las mujeres, y de 10.000, en el de los hombres. Independientemente del género y de diferencias individuales, son muchas palabras…Pero qué ocurre cuando, de la noche a la mañana, una persona se despierta en la cama de un hospital y ya no dispone de esas miles de palabras. Esto es lo que viven muchas personas que han sufrido DCA y, en consecuencia, padecen un trastorno del lenguaje.

En algunos casos, los procesos cognitivos de elaboración, comprensión y expresión del lenguaje se hayan conservados, pero existe un déficit motor de origen neurológico que impide ejecutar correctamente los movimientos necesarios para la articulación del HABLA: se trata de un caso de DISARTRIA. Las logopedas de CEADAC trabajamos a diario con estas personas, con distintos niveles de severidad y diversos parámetros del habla afectados.

Muchos de ellos no tienen fuerza suficiente para emitir más de una o dos palabras seguidas; otros nos dicen: “Me ahogo al hablar”. Es lógico, el primer sistema implicado en el habla es el respiratorio, que es el que suministra el flujo de aire necesario para emitir la voz. Sus músculos respiratorios pueden estar debilitados, su capacidad pulmonar reducida… El tratamiento comienza buscando aumentar la capacidad y control respiratorio, así como lograr una buena coordinación fonorrespiratoria, es decir, aprender a combinar la respiración y la emisión de voz.

Sus órganos articulatorios también están afectados: lengua, labios… Sus movimientos son más lentos, imprecisos, de menor amplitud…y a veces también hay presencia de movimientos involuntarios. Haremos numerosos ejercicios para recuperar el tono muscular adecuado y la máxima movilidad y precisión posible para poder pronunciar adecuadamente cada uno de sonidos de las palabras de nuestro idioma.

Con frecuencia también escuchamos: “Ahora hablo muy raro, esta no es mi voz… casi no me reconozco”. Su sistema fonatorio, sus cuerdas vocales, sus resonadores (faringe, cavidades orales y nasales) y su velo del paladar también sufren déficit motor y, por lo tanto, cambia su tono de voz, puede aparecer nasalización… Haremos entonces ejercicios vocálicos, cambios tonales, estimulación del velo del paladar, etc. Trabajaremos también la prosodia, es decir, los cambios melódicos que realizamos al hablar en función de las intenciones y emociones que imprimimos en los mensajes. Un objetivo más de nuestro tratamiento será la velocidad de habla, puesto que en muchos casos se haya enlentecida por su déficit motor y es necesario aumentarla, pero en otros es excesiva y resulta incomprensible, por lo que habrá que reducirla.

Desgraciadamente hay personas en las que, a pesar del tratamiento, su afectación motora es tan severa que su producción oral del lenguaje está sumamente limitada y, sin embargo, en su cabeza tienen tanto que decir… Se les ofrece entonces la posibilidad de usar un Sistema Alternativo Aumentativo de la Comunicación (SAAC), un comunicador electrónico, por ejemplo, cuyo manejo se adapte a sus capacidades motoras.

Es ahora cuando recuerdo una de las frases que más me han marcado en mi carrera profesional en CEADAC. Fue la primera frase que escribió una chaval de tan solo 15 años en el comunicador que le entregué: “Quiero hablar por mí mismo”.

De aquí surge mi reflexión de que no siempre “una imagen vale más que mil palabras”. Este chico, como el resto de las personas que padecen disartria, tienen a su alcance miles de imágenes, todas la imágenes del mundo…pero no les basta, quieren sus palabras, necesitan sus palabras, aprecian enormemente el valor de la palabra. Aquí está nuestro gran reto como logopedas: ayudarles a recuperar la capacidad de emitir el mayor número de palabras, de la forma más inteligible y natural posible.

María José Osorio
Logopeda

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