«Volver a los ruedos»

Fernando Romero, usuario del Ceadac, ha escrito un libro de poemas «Volver a los ruedos» que comenzó a escribir durante su rehabilitación en Ceadac.

«A pesar del título de estas notas, no pretendo adentrarme en ninguna aventura taurina, a estas alturas de la vida y dada mi situación post-DCA.

Sin embargo, Volver a los Ruedos es el título de mi último poemario, que empecé a escribir durante mi proceso de rehabilitación seguido en el CEADAC, después de quince años sin terminar un mal poema, por mucho empeño que le pusiera.

En él cuento mi experiencia y tiño de verde esperanza y alegría contenida un futuro, necesariamente, lleno de proyectos ilusionantes.

Mi nueva vida, después de que me descubrieran un tumor en la parte del cerebro controladora de la memoria más inmediata, me fuera extirpado y me dejara fuera de la exitosa vida profesional que, conforme a mi formación y trayectoria, todos me prometían, he decidido que sea muy plena y fructífera.

Dejando a un lado mis aspiraciones profesionales, no sin esfuerzo, he decidido que voy a ser muy feliz con las nuevas reglas de juego que, ahora, me depara mi situación.

Mi mujer, mis cuatro hijos se lo merecen, y yo no puedo dejarme arrollar por el toro disecado que me acogió en mi alcoba antes de nacer, como me refiero al antipático tumor que me ha cambiado la vida.

Al final, me convencí de ello y he empezado a proyectarme un exitoso porvenir, cuyas notas principales son las siguientes:

– amar mucho a mi mujer y a mis hijos, intentando ser el mejor compañero, y participando en todas las tareas domésticas y escolares, como nunca había podido;

– hacer el deporte que mis secuelas me permiten, habiendo encontrado en las clases de natación y de pilates, que recibo en un polideportivo municipal, una fuente de alegría, de compañerismo y de superación física, enormemente, satisfactoria;

– publicar mi tercer poemario con más ilusión, incluso, que el primero, y con mucho éxito, tanto dentro como fuera del ámbito del daño cerebral adquirido;

– por último, las acciones y proyectos de voluntariado que se me van presentando superan, con creces, los éxitos profesionales que debieran haber acompañado a mi doble titulación en Derecho y Empresariales, la vasta formación jurídica que acaparé preparando oposiciones a Notarías y al master en Administración y Dirección de Empresas, en el que participé, ignorando la tortuosa compañía que iba teniendo durante todo ese tiempo y que, llegados los cuarenta y cinco, decidió dejarme fuera de juego.

Como conclusión de estas notas, mi recomendación para quienes participan en un proceso de rehabilitación neurológica, tras haber sufrido un DCA, es que tomen conciencia de que, a la vuelta de la esquina, les espera una vida muy rica y satisfactoria, que es un regalo y que nos obliga a transmitir alegría y a disfrutarla en plenitud.

No es fácil encontrarla, requiere un esfuerzo, y su correspondiente comedura de tarro, pero es posible, real y depara muchas satisfacciones y éxitos vitales.

¡Muchos ánimos! Al toro lo agarramos por los cuernos y lo paralizamos con energía. Os lo digo yo.

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